La moral se ocupa de las acciones humanas.
Las verdaderas acciones humanas son aquellas que dimanan
de la libre voluntad del hombre.
¿Pero el hombre es verdaderamente
libre? Ciertamente sí, inequívocamente: puedo
querer una manzana o una pera, o también no querer
nada. Los distintos condicionamientos (familia, escuela,
costumbres) en la mayoría de los casos no quitan
la libertad, pero la pueden limitar. Por lo tanto es necesario
afirmar que la libertad de base permanece, y todos tenemos
la experiencia, no obstante los condicionamientos, de que
podemos obrar según nuestro arbitrio.
Admitiendo, pues, que la verdadera acción
humana es aquella que es libre, la moral no mira si nuestra
acción es importante o no, si es eficaz o no, si
es aplaudida o no. Lo que cuenta para la moral es si la
acción que estamos realizando es buena o mala. Decir
por tanto que las acciones son morales o inmorales equivale
a decir que las acciones son buenas o malas.
Todas las parábolas de Jesús,
en particular la del buen samaritano (Lc. 10, 30ss), indican
cuáles son las acciones buenas que se han de hacer,
y cuáles las malas que se han de evitar.

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